El perdón de los pecados

Perdonar quiere decir olvidar, borrar, cancelar una deuda que alguien tiene.

Muchas personas no están conscientes en sus corazones de que tiene una deuda pendiente con Dios su creador. Sin embargo, si vamos a la Biblia, la Palabra de Dios, vemos con toda claridad que todo ser humano es deudor delante de Dios por causa de sus pecados.

Diferentes escritores de las Sagradas Escrituras hacen alusión a esta situación del hombre delante de Dios. El profeta Isaías que vivió unos 700 años antes de la venida de Cristo dijo a sus compatriotas: “¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Isaías 1, 4

Pero también los escritores del Nuevo Testamento siguen haciendo alusión a esta realidad. Así afirma Pablo en la carta a los romanos: “Por tanto, como el pecado entro en el mundo por un solo hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Romanos 5, 12

Esto nos hace ver que todos entramos en este mundo con una naturaleza pecaminosa y puesto que tenemos esta naturaleza, luego cometemos frecuentemente actos que van en contra de la voluntad de Dios y ofenden a su santidad.

Muchas personas cuando se habla del pecado solo piensan en cosas muy marcadas como matar, robar, engañar etc. Pero no se dan cuenta que pecados son muchas más cosas: Pensamientos malos, actos equivocados, palabras incorrectas, mentiras, no hacer el bien que podríamos hacer, envidia, enojo, adulterio, fornicación y un largo etc.

Pero teniendo conciencia de que somos pecadores entonces surge una pregunta esencial: ¿Cómo puedo obtener el perdón de mis pecados?

El evangelista Mateo nos dice: “Y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mat. 1, 21

Por lo tanto, ya podemos ir afirmando que el perdón de los pecados solo podemos obtener por medio de una persona: Jesucristo.

Como el texto anteriormente mencionado nos indica él vino a este mundo con este propósito de darnos perdón de pecados. Pero para que eso se pudiera producir, primeramente, él tenía que morir en la cruz para pagar delante de un Dios santo y justo, el precio por todos nuestros pecados. En la cruz, por medio de su sacrificio el satisfizo toda la justicia de Dios, llegando a ser nuestro sustituto. Él no tenía que morir por sus pecados, ya que él no tuvo pecados. Pero como exprese el Apóstol Pedro en su carta 1 Pedro 3, 18 “Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu”

Igual como este texto hay muchos más textos en la Biblia que afirman que Jesús murió por nosotros. Ahora surge una pregunta: ¿Si él murió por nosotros automáticamente todos hemos recibido ya el perdón de nuestros pecados?

En Hechos 10, 43 leemos: ·De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.

Por lo tanto, vemos que no es algo que se produce automáticamente, sino que cada persona debe deposite su fe de una manera personal en el sacrificio que el Señor Jesús realizó por nosotros en la cruz del calvario. Podemos compararlo con un regalo que está depositado en un lugar para nosotros, pero que el dado ha puesto una condición para que podamos recibirlo: Ir personalmente a este lugar para retirarlo.

Hay cosas en la vida que nadie puede hacer por otra persona. Así es con nuestra relación con Dios, con el perdón de nuestros pecados que Dios nos ofrece en Cristo Jesús.  Es un asunto personal, nadie lo puede hacer por mi o por ti. Cada uno tenemos que acercarnos a Jesucristo y confesarle que somos pecadores y que hemos pecado muchas veces. Debemos confesar nuestros pecados a él, pidiéndole perdón por ellos y agradecerle de corazón sincero que él haya muerto por ellos en la cruz. Entonces podemos tener la experiencia de recibir el perdón, igual como lo experimentó el autor del Salmo 32 que dice: Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: “Confesaré mis rebeliones al SEÑOR”. Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Verso 5)

Yo te quiero preguntar en estos momentos si tú ya has ido a buscar y recibir este perdón de los pecados que Dios te quiere dar por medio de la fe en Jesucristo como tu Señor y Salvador. Si todavía no lo hiciste, no le dejes, hazlo ahora.

Todos los que hemos experimentado este perdón de Dios podemos unirnos a lo que dijo el Salmista hace muchos años: Salmos 32, 1 y 2 Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño.

Deseo de todo corazón que eso también sea tu experiencia.

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