La campana que no sonó …

Hace muchos años, en un pueblo se condenó a muerte a un chico por robar en el campo de un noble. Los padres del chico estaban terriblemente consternados y, por más que intentaron convencer a las autoridades de que solo era un hurto para dar de comer a su familia, tuvieron que ver como su hijo era echado en el calabozo a la espera de ahorcarlo. En aquel pueblo, la ley marcaba que la ejecución se realizaría al sonar la última de las campanadas que anunciaba el nuevo día.

Llegó el día y la plaza estaba llena. La campana no tardaría en sonar. Se subió al acusado al estrado y ataron la cuerda a su cuello. En cuanto sonara la última campanada se retiraría la banqueta y moriría. El sol comenzó a salir y la gente comenzó a mirar al campanario. No era normal que la campana no sonara.

El comisario del pueblo mandó llamar al encargado de hacer sonar la campana y le pidió explicaciones. Al parecer alguien estaba agarrado al badajo de la campana e impedía con su cuerpo que se produzca el sonido. El comisario mando subir a varios soldados para que trajesen al insolente que intentaba que la justicia no actuase.

La sorpresa de todos los presentes fue mayúscula cuando vieron de quien se trataba: Una joven, completamente magullada. ¡Era su prometida!

El comisario la preguntó: ¿Por qué lo hiciste? La joven, que apenas podía tenerse en pié, miró fijamente al comisario, luego a los presentes y por último al joven que iba a ser ejecutado. Armándose de valor, dijo con firmeza: -Por amor- Ante tal escena, y movido a misericordia, el comisario dijo: Sin campanadas no hay ejecución…. El castigo ya lo sufrió esta joven. Luego, sin mediar palabra, desató al joven y marchó.

¡Qué historia! ¿Verdad?

Está historia me recuerda a nuestro Salvador, el cual nos amó con un amor que puede salvarnos (Juan 3, 16). La muerte se precipitó sobre Él mientras pendía en la cruz y asumió la pena completa que nosotros merecíamos. Escuchó a personas gritarle que se salvara a Sí mismo y que bajara de la cruz (Mat. 27,40).

Pero por salvar a los demás, Cristo optó por no salvarse a Sí mismo. (v.42) La Biblia enseña que por nuestras malas acciones merecemos la muerte. Jesús vino a este mundo y murió en la cruz como un acto de amor. ¿Amor a quién? ¡A ti! No lo olvides Jesús murió en la cruz por ti.

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