13 Octubre

“¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?” (Mateo 7:9).

 

La pregunta espera una respuesta negativa. Normalmente un padre no le daría a su hijo una piedra en lugar de pan. Ciertamente el Padre Celestial nunca lo haría.

Pero la triste realidad es que algunas veces esto es exactamente lo que hacemos. La gente viene a nosotros con una profunda necesidad espiritual y quizás somos insensibles a lo que realmente les atormenta, o los desanimamos con alguna panacea superficial en vez de darles a conocer al Señor Jesús.

E. Stanley Jones lo ilustra con una historia tomada de su propia vida (solamente un gran hombre es capaz de contar una historia que muestra su fracaso personal). “Como los miembros del Congreso en la India en su posición recién adquirida ocasionalmente actuaban en su propio beneficio en vez de en el bien del país, la situación generada se volvió una carga demasiado pesada para Jawaharlal Nehru. Decía que estaba pensando en renunciar como Primer Ministro y marcharse para reponerse espiritualmente. Lo vi en aquella ocasión, y al final de la entrevista le ofrecí un frasco de pastillas hechas de hierbas de cereal, que contenían todas las vitaminas conocidas. Tomó el frasco agradecido pero añadió: “Mi problema no es físico”, dando a entender que era espiritual. En vez de ofrecerle la gracia, le ofrecí hierbas. Pedía pan y le di una piedra… Sabía que tenía la respuesta pero no supe cómo decirla. Temía ofender al gran hombre. Debí recordar un lema escrito en un muro del Sat Tal Ashram: “No hay sitio en el que Jesucristo esté fuera del lugar” pero no lo hice. Recuerdo cómo prevalecieron mis vacilaciones.

“Le ofrecí pastillas de hierbas cuando realmente necesitaba la gracia, la gracia y el poder que le sanarían el corazón. Entonces pudo haber dicho: ‘Estoy sanado hasta el corazón. Que el mundo avance con sus problemas imposibles. Estoy preparado’”.

Me temo que la experiencia del Dr. Jones nos es muy conocida. Encontramos a personas que tienen profundas necesidades espirituales. Dejan escapar alguna palabra que abre la puerta para que les ministremos a Cristo. Pero no la aprovechamos; sugerimos una aspirina como remedio para un problema espiritual o cambiamos el tema por algo de valor trivial.

Oremos: Señor, ayúdame a aprovechar cada oportunidad para testificar de Ti, para entrar en cada puerta abierta. Ayúdame a vencer mis vacilaciones, a dar pan y gracia cuando se necesitan.

Josue G Autor