23 Febrero

“Oirá el sabio, y aumentará el saber”
(Proverbios 1:5).

De acuerdo al libro de los Proverbios, la diferencia esencial entre el sabio y el necio es que el sabio escucha y el necio no.

No se trata de la capacidad mental del necio ya que puede tener una habilidad intelectual extraordinaria. El problema consiste en que no se le puede decir nada. Trabaja bajo la ilusión fatal de que su conocimiento es infinito y sus juicios, infalibles. Si sus amigos tratan de aconsejarle, reciben a cambio su desdén. Observan cómo intentan escapar de los resultados inevitables de sus acciones pecaminosas y estúpidas, pero ven con pesimismo que no pueden alejarle del fracaso. El necio va de una crisis a otra: Sus finanzas son un desastre. Su vida personal se bambolea. Sus negocios están al borde de la ruina. Pero él argumenta que es la víctima de una mala jugada de la vida. Nunca se le ha ocurrido pensar que él es su propio enemigo. Es generoso cuando aconseja a los demás pero es incapaz de manejar su propia vida. Además, es un parlanchín compulsivo que discurre sin parar con el aplomo de un oráculo.

El sabio está hecho de mejor material. Se da cuenta de que los cables mentales de cada uno han sido cruzados de alguna manera por la Caída. Sabe que los demás pueden ver aspectos de un problema que él ha pasado por alto. Está dispuesto a reconocer que su memoria a veces puede fallar. El sabio es alguien que se deja enseñar y da la bienvenida a cualquier consejo que le ayude a tomar decisiones correctas. Más de una vez solicita el consejo de los demás porque sabe que: “en la multitud de consejeros hay seguridad” (Pr. 11:14). Como cualquier otro, algunas veces se equivoca. Pero tiene la virtud de aprender de sus errores y hacer de cada fracaso un trampolín que le lleve al triunfo. Se muestra agradecido cuando merece reprensión y está dispuesto a decir: “Me equivoqué. Lo siento. Perdóname por favor”. Los hijos sabios se someten a la disciplina de los padres; los necios se rebelan. Los jóvenes sabios obedecen los preceptos escriturales referidos a la pureza moral; los necios hacen lo que quieren. Los adultos sabios juzgan todas las cosas pensando si éstas agradan al Señor; los necios actúan de acuerdo a sus caprichos.

Es así que el sabio llega a ser más sabio y los necios se estrellan en la roca de su propia locura.

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Josue G Autor